The words that fly over the mountains
like a fierce and old dragon
and slide down them to a fountain
where the deeps aren't clear anymore.
where the deeps are darker than before.
The words that grow inside a forest
and every soul feel their smell.
The time, the end calls them to rest
and now are dead and nobody knows
the sparked light that in the night flows.
Mushrooms flooded by monsoons.
Changes changed by no time.
Loose lips faded by teardrops.
Wide long way home went astray.
lunes, 5 de septiembre de 2016
domingo, 19 de junio de 2016
Jardín inglés
Llegó al fin
la noche. Todas las luciérnagas han salido a jugar a ser estrellas a ras de la
alta hierba de verano. A ser estrellas fugaces de otros millares de insectos. A
ser los deseos de lo desconocido. Luciérnagas enamoradas. Luciérnagas
fastuosas. El viento mece las copas de los árboles, aquellos que albergan
criaturas emplumadas cuidando de sus pequeños, enseñándoles lo que es la
libertad, lo que significa tocar las nubes. Pronto. Pronto lo harán. Y llegarán
tan lejos como puedan, allende el mundo. Son buenos padres. Un futuro brillante. Y la noche clara.
Noche de Luna llena. Y la Vía Láctea, que, con sus millones de destellos,
variedad de colores, y eterno caos y cosmos, va de un extremo a otro, nos
observa. Cúbrenos. Siempre estás ahí, aunque no te veamos. Aunque no siempre te
sintamos. No pierdas la esperanza.
viernes, 12 de febrero de 2016
Experimento 7
Los blancos y dendríticos pasillos tubulares, relucientemente iluminados parecían no tener fin. No había signo alguno de que pudiera existir una puerta, una ventana o algo por el estilo. No parecía existir un rincón de confinamiento ni mucho menos escapatoria. El suelo albino, el techo níveo, y las paredes aun pálidas era todo lo que uno podía contemplar. La totalidad era una mezcla de desasosiego. Era inverosímil ver algo más y apenas mi tan querida sombra se mostraba. Cálido y calmado, insonoro e inoloro era la definición del ambiente.
En una blanca soledad, consternado, mi razonamiento empezaba a fallarme mientras caminaba apaciguadamente al ritmo de los latidos de mi corazón, mientras que mi mirada, fijamente en el fondo del pasillo, la notaba sinuosa, pues ya no sabía dónde mirar. En aquel lugar que me encontraba, el sentido de la orientación es completamente nulo; horrible, aterrador y horripilante es la sensación de permanecer confinado a solas entre tanto fulgor y tanta ausencia. Mientras mis pies estuvieran sobre una superficie, podía denominarla suelo; quizá estuviera caminando helicoidalmente, no lo sé. Pero caminaba.
Entretanto me perdía en el universo de mis andares, doblando por varios pasillos cuyo ambiente seguía siendo el mismo. ¿Estaba yendo en círculos? Sea como fuera, de un momento a otro, la pulsera bajo mi blanca indumentaria empezó a brillar de un color amarillo. Supuse que me estaba acercando a mi destino. De alguna forma, ese extraño artilugio me guiaba sin que yo fuera consciente de ello. De alguna forma... Del mismo modo que brillaba la luz de mi pulsera, empezó a hacerlo también otra en una pared que divisé al fondo. Escudriñé entre la luz que dicho color era azul y parpadeaba un segundo después que mi pulsera. Se turnaban. Me fui acercando sin saberlo, no tenía donde más ir en aquel pasillo y el siguiente cruce de pasillos estaba pasando la luz azul. Me preguntaba si había otra persona más por ahí con una pulsera azul. Mientras caminaba alcé la vista atrás y no encontré a nadie, todo seguía silencioso como antes. Aún con mi leve agobio mental, seguí acercándome a aquella luz y mi tedio empezaba a crecer.
Ocurrió pues, que mientras mis leves pasos insonoros congeniaban en tiempo con los de las luces. Luz azul: pierna izquierda; luz amarilla: pierna derecha. Azul, izquierda. Amarilla, derecha. Intentaba mantener la calma por cada paso que daba, respirando profundamente. Aproximándome sucedió lo inesperado. Ambas luces empezaron a cambiar de color. Empezaron a mezclarse. Al estar al lado de la pared cóncava que crecía a mi derecha, ambas luces se tornaron verde. Acto seguido sonó un pitido que evocaba aceptación y se abrió un agujero ovalado en la pared. Sin pensarlo, crucé aquella abertura, oscura y misteriosa, ignorando lo que podría albergar.
martes, 9 de febrero de 2016
Experimento 8
El despuntar de la aurora se cernía afablemente sobre las aún frías rocas, cubiertas de un vivo verde con restos de suave rocío, que acompañaba el decrépito y frondoso bosque cubierto de extensos añejos muérdagos y múltiples hongos creciendo vivamente a sus pies. A ras del suelo, salvajes y ocultos animales correteaban por entre la maleza viviendo su matutino día a día. Las copas de los más altos árboles albergaban vivarachos graznidos de jóvenes y oscuros córvidos que otrora eran adorados por unos y odiados o incluso temidos por otros como si de la mismísima muerte alada se tratase. El viento ondeaba las verdes banderas del sotil imperio húmedo y levantaba una agradable perfume a petricor impregnando el ambiente como ningún otro. Aquel nicho que el serpenteante y pedregoso río de agua cristalina nutría, sobre su regazo llevaba danzante y paulatinamente sangre que iba a parar en el mar, valle abajo, a lo lejos.
El horizonte era bermejo, pues se había derramado sangre en la clara noche. Al otro lado del río se abría un páramo húmedo de hierba alta donde aquella mañana silenciosa y estremecedora, el rocío se había teñido escarlata. Sobre aquella panorámica las carroñas cuyas raudas miradas volaban en círculos, indecisas y sorprendidos por cuanta comida podrán ingerir para el porvenir. No sólo ellos festejaban. Cánidos y felinos iban llegando desde lejanos rincones llamados por el exquisito olor a maná rojo desde distancias considerables gracias al agudo olfato que poseían. La muerte de unos es la vida de otros. La derrota de unos es la victoria de otros. Del cuerpo de los caídos, luego de una lenta descomposición por parte de los más diminutos seres que pueblan las entrañas de la tierra, con el tiempo crecerían flores y ellas derruirían las hojas de las espadas que se perderían con el paso del tiempo donde aquel bosque, podría ir ganando terreno, semilla a semilla a árbol y árbol en un proceso incansable.
Sin embargo, fue aquella su muerte, fue aquel su tormento, pues los vencedores volvieron a la escena del crimen, al campo de flores. Aquellas flores silvestres cortaron y un nuevo emplazamiento formaron. De aquel bosque se nutrieron para ensalzar su nueva autonomía con el poder de la mano del hombre, de la corona. Así, reyes de todas las especies cuantas existen estaban seguros de que su supervivencia fue dada por la bienaventuranza de Dios, el Único. Se sintió traicionada entonces la floresta. Lágrimas de resina y lamentos humeantes fueron sus últimos suspiros. No era sino suya la sangre derramada.
El horizonte era bermejo, pues se había derramado sangre en la clara noche. Al otro lado del río se abría un páramo húmedo de hierba alta donde aquella mañana silenciosa y estremecedora, el rocío se había teñido escarlata. Sobre aquella panorámica las carroñas cuyas raudas miradas volaban en círculos, indecisas y sorprendidos por cuanta comida podrán ingerir para el porvenir. No sólo ellos festejaban. Cánidos y felinos iban llegando desde lejanos rincones llamados por el exquisito olor a maná rojo desde distancias considerables gracias al agudo olfato que poseían. La muerte de unos es la vida de otros. La derrota de unos es la victoria de otros. Del cuerpo de los caídos, luego de una lenta descomposición por parte de los más diminutos seres que pueblan las entrañas de la tierra, con el tiempo crecerían flores y ellas derruirían las hojas de las espadas que se perderían con el paso del tiempo donde aquel bosque, podría ir ganando terreno, semilla a semilla a árbol y árbol en un proceso incansable.
Sin embargo, fue aquella su muerte, fue aquel su tormento, pues los vencedores volvieron a la escena del crimen, al campo de flores. Aquellas flores silvestres cortaron y un nuevo emplazamiento formaron. De aquel bosque se nutrieron para ensalzar su nueva autonomía con el poder de la mano del hombre, de la corona. Así, reyes de todas las especies cuantas existen estaban seguros de que su supervivencia fue dada por la bienaventuranza de Dios, el Único. Se sintió traicionada entonces la floresta. Lágrimas de resina y lamentos humeantes fueron sus últimos suspiros. No era sino suya la sangre derramada.
martes, 27 de octubre de 2015
La vida es sueño
22 mayo de 1771
Que la vida del hombre no es más que un sueño, ya se lo pareció a más de uno. También a mí esta sensación me acompaña siempre. Cuando veo la limitación a la que han quedado reducidas las fuerzas creadoras e investigadoras del hombre, cuando veo que toda actividad corre en un pos de la satisfacción de las más elementales necesidades que a su vez sólo pretenden alargar nuestra pobre existencia y que todo consuelo la partir de ciertos presupuestos de la investigación no es más que una resignación soñadora, con la que en las paredes entre las cuales nos encontramos prisioneros pintamos figuras de colores y horizontes despejados... Todo esto, Wilhelm, me deja sin habla, Si miro en mi interior, encuentro todo un mundo. De nuevo más bien presentido y oscuramente apetecido que en representación y fuerza viva. Pero entonces todo se diluye ante mis sentidos y sigo, soñador, sonriendo por el mundo.
Que los niños no saben lo que quieren ni por qué, en eso están de acuerdo los más doctos maestros, tanto los de escuela como los preceptores. Pero que también los adultos van, como si fueran niños, dando tumbos por esta tierra, y al igual que éstos sin saber de dónde vienen ni adónde van, y de la misma forma actúan tan poco según auténticos propósitos, igualmente dirigidos por el sistema del palo y la zanahoria... Esto a nadie le gusta reconocerlo, y a mí me parece que se palpa con las manos. [...]
Que los niños no saben lo que quieren ni por qué, en eso están de acuerdo los más doctos maestros, tanto los de escuela como los preceptores. Pero que también los adultos van, como si fueran niños, dando tumbos por esta tierra, y al igual que éstos sin saber de dónde vienen ni adónde van, y de la misma forma actúan tan poco según auténticos propósitos, igualmente dirigidos por el sistema del palo y la zanahoria... Esto a nadie le gusta reconocerlo, y a mí me parece que se palpa con las manos. [...]
Las penas del joven Werther, Johann Wolfgang von Goethe
Una vez más que publico un fragmento sobre este libro y no será la última. En realidad no tengo nada que decir sobre esto. Simplemente admirable. En esto de querer escribirlo he descubierto ciertas cosas... Me he dado cuenta que otras editoriales cambian, en gran parte, las palabras y el orden y coherencia de las oraciones. Eso es algo casi lógico que lo hagan pero... ¿con tanta diferencia? ¿Qué diablos? Éste fragmento que he escrito es de la edición de mi libro. Para no escribirlo quería hacer un copypaste y busqué un pdf y al llegar al día en cuestión me encuentro un escrito que me pareció casi una aberración. Más simple diría yo, demasiado. ¿De verdad, traductores, traducís y adaptáis un libro del ROMANTICISMO a algo tan simple, tan objetivo como si Goethe fuese un ilustrado puro? Tres ediciones distintas y las tres escritas distintas, casi todas reconstruidas con una simplicidad que me enerva. A pesar de que la finalidad es la misma, no tiene esa magia como en el fragmento que he tipeado más arriba. Me pregunto hasta qué grado cambian todos los libros que uno lee y con cuánta fidelidad nos llegan a nuestro idioma. Miedo da. Ser traductor de libros es duro, y un trabajo paupérrimo según me han contado.
Quizá estoy EXAGERANDO demasiado. Sí...
Quizá estoy EXAGERANDO demasiado. Sí...
domingo, 11 de octubre de 2015
La Inmortalidad
La serendipia siempre te lleva a hacer cosas que en un principio no querías hacer, como bien me ocurrió a mí. Una monopregunta personal se convirtió en una polipregunta colectiva. Fue entonces cuando me di cuenta que podía sacarle provecho a todas esas preguntas y acto seguido empecé a moldear mi monopregunta para dar paso a una macropregunta; ¿cómo sería la inmortalidad para cada persona?
Empecé a entrevistar a cada persona y según sus respuestas empecé a formular otras preguntas acorde a su forma de ver la inmortalidad. Pero siempre empezaba con la misma pregunta:"¿qué es para ti la inmortalidad?
Suponiendo que siempre aparentarás 25 años, ¿serías capaz de afrontar el pasar
de las eras, los hombres, la muerte y el amor?"
A continuación os presento todas las respuestas del colectivo. ¿Cuál es la finalidad? Simplemente quiero intentar que lo que cada uno ha pensado pudo haberlo pensado también otra persona y conocer así el diverso abanico de voces internas que cada uno tiene para un mismo problema. Y que podamos entender asimismo al prójimo. Los nombres están bajo anonimato y sólo se tendrá en cuenta el sexo y la edad.
Antes de nada, gracias a todos por haber participado en este garabateo.
sábado, 10 de octubre de 2015
El anhelo de Werther
21 de junio de 1771
[...] ¡Si hubieras sabido, cuando elegí Wahlheim como meta de mis paseos, que estaba tan cerca del cielo! Cuántas veces en el transcurso de mis amplias caminatas vi el pabellón de casa que ahora encierra todos mis deseos, tan pronto desde las montañas como desde la llanura, sobre el río.
Querido Wilhelm, he meditado mucho acerca del ansia que tiene el ser humano de explayarse, de hacer nuevos desabrimientos, de andar vagando de aquí para allá, para luego, sobreponiéndose a ese impulso interno, de nuevo consagrarse voluntariamente a la limitación, volviendo al curso de la costumbre, sin preocuparse por lo que ocurre de derecha a izquierda.
Resulta asombroso cómo en cuanto llegué aquí y desde la colina miré el hermoso valle me atrajo todo lo que me rodeaba. ¡Allí el bosquecillo! Ah, si pudieras confundirte entre tus sombras. ¡Allí la cumbre de las montañas! Ah, si desde allí pudieras contemplar toda la amplia comarca. Las colinas encadenadas entre sí y los íntimos valles. ¡Oh, si pudiera perderme en ellos...! Corrí hacia allí y volví sin haber encontrado lo que esperaba. Me ocurre con lo lejano como con el futuro. Un gran todo en penumbra descansa ante nuestra alma, nuestras emociones desaparecen allá dentro, como nuestra vista, y ansiamos, ah, entregar todo nuestro ser, dejarnos de colmar con todo el placer de un único grande y magnífico sentimiento. Y, ay, cuando corremos hacia allí, cuando el allá se torna aquí, todo es como siempre, seguimos en nuestra miseria, en nuestra estrechez, y nuestra alma languidece, suspirando por un bálsamo que se nos escapó. [...]
Las penas del joven Werther, Johann Wolfgan von Goethe.
Quería dejar constancia que este es uno de los pasajes que más me gustan de las cartas de Werther a su amigo Wilhelm. Me siento muy identificado con lo que su espíritu manifiesta a pesar de los siglos que nos separan. El romanticismo alemán en flor de piel. No he leído mucho, por no decir nada, de Goethe y craso error es el que cometo. Soy consciente de que cuanto más lea, más me va a encantar, más tiempo permaneceré atrás en el tiempo. Sin embargo, intento leer todo cuanto puedo de un abanico de los más diversos temas que puede crear el hombre, desde la divulgación científica a la narrativa con toda sus variantes, pasando por la poesía y sus bellas desgracias. Además, de mi propio afán por la escritura y mi deslealtad a la misma, he perdido destrezas de escritura, pero como defensa, puedo decir que, a pesar de no escribir nada, tengo las ideas más claras de qué y cómo quiero escribir. De hecho son grandes mis ganas de escribir hoy en día y contar cosas por el mero hecho de entretejer palabras y crear un buen telar, me veo ya capaz de escribir. Escribir por ejemplo lo que acabo de escribir. ¿Cuenta eso?
martes, 6 de octubre de 2015
Experimento 7
Los blancos y dendríticos pasillos tubulares, relucientemente iluminados parecían no tener fin. No había signo alguno de que pudiera existir una puerta, una ventana o algo por el estilo. No parecía existir un rincón de confinamiento ni mucho menos escapatoria. El suelo albino, el techo níveo, y las paredes aun pálidas era todo lo que uno podía contemplar. La totalidad era una mezcla de desasosiego. Era inverosímil ver algo más y apenas mi tan querida sombra se mostraba. Cálido y calmado, insonoro e inoloro era la definición del ambiente. En una blanca soledad, consternado, mi razonamiento empezaba a fallarme mientras caminaba apaciguadamente al ritmo de los latidos de mi corazón, mientras que mi mirada, fijamente en el fondo del pasillo, la notaba sinuosa, pues ya no sabía dónde mirar. Allí sentido de la orientación es completamente nulo; horrible, aterrador y horripilante es la sensación de permanecer confinado a solas entre tanto fulgor y tanta ausencia. Mientras mis pies estuvieran sobre una superficie, podía denominarla suelo; quizá estuviera caminando helicoidalmente, no lo sé. Pero caminaba. Estaba caminado.
jueves, 4 de junio de 2015
Corrán tuathail
Tras
un arduo día de camino, un grupo de viajeros se dispuso a acampar cerca de un
riachuelo congelado por el cual seguía corriendo el agua bajo el resbaladizo hielo. Era
febrero. Aún había nieve. Habían pasado Cill Chainnigh hace ya varios días y el
alimento empezaba a escasear urgentemente. El día anterior uno de los viajeros que llevaba
una carreta cargada de provisiones tuvo la mala suerte de rompérsele el hielo
bajo los pies por el cual transitaba. Tanto la carreta como el que la llevaba,
se hundieron en las gélidas aguas. No obstante no significó su muerte; los
demás compañeros se dispusieron a rescatarlo del sendero del más allá. Ninguna
vida debe perderse en vano. Posteriormente no tuvieron más remedio que
seguir con lo que llevaban en su
equipaje. A pesar del hambre que albergaban en su vientre y de la minuciosidad
que tenían para compartir la mísera comida que llevaban, esperaban llegar
pronto al siguiente poblado. Sin embargo, aquella noche no tuvieron problema para acampar; lo
hicieron antes de que el sol se escondiera tras las esponjosas y oscuras nubes
que a su vez se ocultaban detrás de los ramosos, casi deshojados árboles. Encendieron una pequeña hoguera para asar una liebre que cazaron por el camino y una vez los tres
hubieron saciado el apetito, se acomodaron en el blando suelo y cubiertos de gruesas mantas, intentaron dormir.
Nochtadh,
uno de los viajeros se desveló a media noche debido a unos leves ruidos que
había cerca. A reojo, escudriñó cerca de la hoguera donde las cenizas aun
bullendo estaban y vio la silueta de un animal mordisqueando algo. Luego, éste
se movió detrás de la hoguera con la intención de estar buscando algo. Al
hacerlo, Nochtadh pudo ver que se trataba de un zorro rojo. El zorro se puso a
masticar las sobras que habían dejado de la liebre. Entonces Nochtadh intentó
incorporarse suavemente para ver mejor al zorro y éste se giró asustado,
escondiendo el rabo entre las patas y ambos se miraron a los ojos. Los dorados
ojos del zorro podían verse casi perfectamente con los vanos fulgores de las
cenizas de la hoguera y Nochtadh se sintió conmovido por ellos. Luego de un
breve instante, el zorro cogió parte del cadáver descuartizado de la liebre con
la boca y se alejó de allí, perdiéndose entre la niebla nocturna. Los otros dos
viajeros seguían durmiendo plácidamente, dentro de dichos sacos de pieles.
Nochtadh se quedó esa noche mirando vagamente el cielo cubierto de nubes y pensando
en aquel zorro.
Durante
varios días el grupo se fue alojando en varios conventos en ruinas y
abandonados a su suerte que aparecían por el camino y, cazando algunos animales
salvajes como ciervos y liebres para alimentarse, finalmente llegaron a un
pequeño poblado, algo más que un caserío. Allí se instalaron durante tres días
donde repusieron fuerzas esperando a que hiciera mejor tiempo, y se hicieron con
una nueva carreta algo vieja donde depositaron lo que les quedaba de su cargamento. La tercera noche,
antes de partir a la mañana siguiente, Nochtadh se desveló, como era común en
él, y salió fuera de la posada a mirar por derredor. Se puso a explorar un poco
por la periferia para ver el campo donde llegó a un pequeño puente de piedras
gruesas donde se quedó a observar el río y las estrellas. Mientras pasaba el
rato tranquilamente, sumido en sus pensamientos, sintió la presencia de alguien
detrás de él y al girarse rápidamente, para su sorpresa, vio un zorro caminando
encima del pretil del puente. Otra vez. ¿Era el mismo zorro? El zorro lo
inspeccionaba con su profunda mirada apabullante a la vez que sus silenciosos
pasos y su flamante cola se movían sin cesar sobre el pequeño muro a la par que
Nochtadh, con las manos sujetas en el pretil que le llegaba hasta la altura del
ombligo, iba girando la cabeza en dirección al movimiento del zorro. La cola
del zorro se agitaba, daba movimientos burlescos, suavemente y de repente se
detenía. Volvía a empezar. El rojo de su pelaje era distinguible con la luz de
la noche; de las estrellas y de la Luna, que por momentos se ocultaba entre las
nubes para volver a iluminar la escena. Los zafiros ojos de Nochtadh se
mezclaban con los áureos ojos del vulpes. Creaban un lazo en aquel precioso
instante. Creaban un verde en el ambiente. Creaban la primavera. ¿Qué
significaba todo esto? El misterioso zorro dio un pequeño gemido y saltó al
suelo sin apenas hacer ruido, luego giró su cabeza hacia Nochtadh para volver a
dar otro gemido y se fue, una vez más, perdiéndose entre la oscuridad.
Ya
habían llegado a la región de Ciarraighe tras varias semanas. Habían cruzado ya
el reino para volver a su tierra natal. Por fin estaban en su ciudad, Cill
Airne. El comercio con el este no había tenido mucho éxito. Aun así, los
habitantes del este hablaban de un peligro que acechaba en el norte y venía del
mar. Pensaban que los vecinos de ultramar se estaban saliendo con la suya nuevamente.
Pasaron entonces las semanas. El frío empezaba a desvanecerse, las hojas de los
árboles empezaban nuevamente a brotar y los animales salvajes comenzaban a
llegar para agruparse a las orillas de los lagos de Cill Airne donde crecía una
exuberante flora. Ya había pasado febrero, marzo y estaban a finales de abril.
Los ciudadanos, al igual que en todos los condados, esperaban celebrar el
beltane el primero de mayo dando inicio al verano en el cual rezaban por un
próspero pastoreo. Sin embargo, Nochtadh no estaba tranquilo. Su mente seguía
pensando en aquel zorro que se le había aparecido dos veces y que no había
vuelto a ver. Por lo tanto su corazón no estaba en paz, sentía que algo malo
iba a suceder. Algunas noches se desvelaba y salía a dar una vuelta por el
campo pero desgraciadamente, pasaban los días y no volvía a ver el zorro. Pero sentía, de alguna manera, que iba a volver a verlo.
Para
la víspera del 1 de mayo, el pueblo se movilizó hacia la montaña para celebrar
el beltane. Numerosos carros se desplazaban a los pies de la montaña mientras
los niños y algunos campesinos animaban la caminata con música, cantos y
bailes. Una vez a los pies de la montaña, empezaron a juntar troncos y ramas de
árboles que cogieron durante el camino, los agruparon de manera que
formaba una figura geométrica. A la noche, el montón de ramas se convirtió una
gran pira por cuyo alrededor la gente celebraba el porvenir. Sin embargo,
Nochtadh no estaba con ánimos e incluso ese día tan importante para el
pueblo, otras cosas le cubría sus pensamientos. La festividad le siguió la
noche en la que Nochtadh decidió alejarse de tales humos y ruido
desalentador. Se acercó a uno de los lagos que hay a los pies de la montaña y
allí se quedó mirando la inmensidad de la vía láctea en el reflejo de las
oscuras aguas del lago que se le extendían mayestáticamente delante de él. Se
tumbó boca arriba a la orilla del espejo, cerca de la hierba, y miraba las
constelaciones e intentaba recordar cómo se llamaban algunas. Además, podía
notar cómo se movían los astros, las estrellas fugaces, las nubes; el cielo. Se
sentía verdaderamente regocijado ante tanta belleza, con el sonido del aire
golpeando las verdes hierbas estivales y a lo lejos las blancas olas rompiendo
las rocas de las orillas del lago. De pronto se adormeció profundamente.
A
la mañana siguiente, cuando el sol estaba a punto de salir, sintió que alguien
le lamía la cara y de sobresalto se despertó viendo ante sí un zorro. El mismo
zorro que tanto esperaba volver a ver. Con un vivo aleteo de su cola, el rojizo
zorro soltó un gemido y sacó la lengua a Nochtadh y se puso a dar saltos y
correr a su alrededor. Cuando Nochtadh se incorporó, el zorro se puso a dar unos
leves brincos y girándose como diciéndole que lo siguiera, cosa que Nochtadh
así lo interpretó y lo hizo. El animado zorro empezó a conducirlo por la
montaña y Nochtadh lo siguió sin pensárselo hasta, que luego de mucho esfuerzo,
llegaron a la cima. Subieron hasta Corrán tuathail, el punto más alto de la de
todo el territorio. Arriba quedaban aún restos de nieve, el sol ya casi se
había puesto y el viento era de respetar pero tanto a Nochtadh como al zorro no
parecía importarles. Nochtadh se sentía feliz, al lado de un flamante zorro en
un sitio tan alto que sentía que podía llegar a tocar las nubes con solo alzar
un brazo. Nochtadh podía divisar el humo de las piras del beltane desde
varios puntos por el horizonte a la redonda. En cierto momento decidió mirar al
este para divisar su ciudad, se dio cuenta de que también prendía un extraño
humo de ella y se sintió realmente preocupado por ello. ¿Qué diablos estaba
pasando? Quiso bajar la montaña para avisar a los demás que la ciudad estaba en
llamas pero no lo hizo; el zorro se lo impidió con sus gemidos. Nochtadh
inclinó y miró a los ojos del zorro e intentó comprender qué estaba intentando
decirle. Al mirar nuevamente al valle donde sus compatriotas estaban, vio cómo
una horda de guerreros se abalanzaba contra ellos y los asesinaban fríamente.
Gente gritando, pidiendo ayuda, corriendo de un lado para otro, en vano, sin
escapatoria. Los guerreros los habían pillado desprevenidos. Nochtadh no se lo
podía creer. Mirando otra vez hacia al lago vio una numerosa flota de barcos
encallados en la costa. Habían entrado desde el mar bordeando el río arriba.
Los rumores de salvajes que venían del mar eran ciertos, y ahora estaban
sembrando el terror por el oeste. La era de las invasiones vikingas en Irlanda
no había hecho más que empezar.
martes, 7 de abril de 2015
El Arte
Estas son mis opiniones, mis conclusiones que he sacado sobre lo que es el arte. A pesar de todo, es imposible dar con una idea universalmente correcta. Si la filosofía es la frontera entre la ciencia y la religión, ¿dónde está el arte? ¿Es el arte filosofía?
Sin más, este es en cierto modo un borrador sobre mis ideas, las cuales puedo indagar aún más pero el hecho de indagar es incluso más difícil por las excepciones que existen. Arte al fin y al cabo.
El ser humano puede crear arte por naturaleza y todos aquellos que se atrevan a seguir el camino de la creación de arte pueden denominarse artistas, bajo la condición de no dejar nunca de crecer como artista mediante el aprendizaje y la perfección de su trabajo y, sobre todo, conmover y complacer a todo aquel que capte mediante sus sentidos la obra creada por el artista. El artista ha de buscar la mayor perfección posible en su labor, lejos del alcance de todo aquel que no sea artista. Sin embargo la perfección viene dada por la competencia entre artistas de un mismo campo que son aquellos que van haciendo el camino de la destreza y la perfección del arte. El camino del arte no es un solo camino sino que se bifurca en numerosas ramas artísticas que el hombre ha sido capaz de llevar a cabo a lo largo de la historia.
El arte es una condición del ser humano, por lo que podríamos llamar al ser humano Homo artistico en lugar de Homo sapiens porque la destreza hace al sabio. Todos somos artistas y a la vez no lo somos; el arte existe porque hay personas que no se dedican a crear arte. De lo contrario si todos fuésemos artistas, sería algo común entre los hombres y nadie se extrañaría de los logros ajenos. Por lo tanto se puede decir que el arte existe gracias a los que no hacen arte.
El arte viene de la utilidad, de la supervivencia del hombre en sus primeros pasos por la historia y, de la mano del arte útil, apareció también el arte lúdico que acompaña al arte útil para darle un mayor significado, un significado humano, sea religioso o no, con el fin de ponerle sentimientos. El arte útil es aquel que no consideramos arte por el mero hecho de convivir con esas habilidades que sin ellas, el ser humano se juega la supervivencia. El arte útil está en constante progreso de innovación para una mejor calidad de vida. El arte útil no conmueve al ser humano. Por otro lado, el arte lúdico, también arte puro, es aquel que actualmente se podría llamar vagamente arte porque es aquel que más mérito se lleva porque, en cierto modo, es inútil y sólo sirve para complacer al que disfruta de él. Por lo tanto el arte puro es la esencia humana. Este arte puro es el que tiene competencia por la perfección, vanguardia e innovación, para alcanzar el máximo grado de transigencia por quienes lo disfrutan. La acepción de la calidad de la obra pura viene dada por aquellos que la captan según qué sentidos, se conmueven o apaciguan y son ellos quienes juzgan la naturaleza y capacidad de destrezas que llevó a cabo el artista para la realización de la obra. El propio artista es quien se pone los límites de perfección y es quien conoce sus habilidades y, lo más importante, es el primero que se contenta o entristece de su trabajo porque ha decidido dedicarse al arte.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Tinta blanca por las noches
Hace unos días estaba en clase. intentando aguantar el sueño que llevaba encima. Un sueño de esos que ni un balazo te haría despertar. Y bueno, no sé como, pero en vez de dormir me puse a escribir algo en mi libreta ya que la tenía delante y la estaba hojeando. Le eché ganas y me puse a hacer dos poemas en la clase entera. Son estos
negra seda, blanca alma,
abismo eterno en corto tiempo.
Perlas verdes, prados grises,
grises nubes, verdes lágrimas;
estanque de vastos recuerdos sombríos.
Se acabó la tinta, se perdieron las hojas
en la oscuridad de tus cabellos,
en la blancura de tu faz
se tornaron en lunares que miman tu cuerpo.
Se escondieron tus pupilas,
tras grises sábanas,
tras verdes afluentes
convertidos en jardines que riegas cada noche.
Y esta es la otra que hice después, ya un poco más inspirado:
Por las noches cuento mis días,
por el día cuento mis penas
que tuve todas mis noches.
Las calles solitarias son tan mías,
las estrellas dibujan mis venas
y el brillo lunar lo llevo en mi broche.
Muchas saetas fueron tan frías,
se escondían tras las almenas
y escaparon con su caballo tirando del coche.
Y tú, que mi leve vida absorbías
y que a día de hoy aún envenenas...
El amor que te dí fue un derroche.
Realmente me sorprende un poco que haya escrito un poema libre así, sin florituras y directo. Normalmente mis poemas suelen ser más barrocos y románticos como decía mi profesora de Literatura en bachillerato. No le falta razón, ese es mi estilo. El culteranismo me encanta y aun más cuando logro meterle conceptismo.
A seguir fantaseando en fastuosas épocas lóbregas de antaño que hondo me calan.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Experimento 6: el primer refugio
Al final de la calle estaba el edificio gris, igual que
el cielo del cual apenas salía un mísero rayo de sol, estaba en casi en ruinas.
El edificio lograba mantenerse en pie, con extraordinario
esfuerzo, a lo largo de todos estos años gracias a las leyes de la
física. Las montañas de escombros, polvo y cenizas inundaban la calle y, además
de tener bastantes grietas y surcos profundos, llegaban hacia los edificios
tapando las dos primeras plantas, tapando puertas y ventanas. El resto de
ventanas, descorazonadas de cristal que algún tiempo hizo de intemperie contra
el "peligroso" mundo exterior, estaban selladas con tablones de
madera, escombros o con rejas.
Conocía una entrada al edificio por un callejón trasero,
angosto y oscuro, con restos de ladrillos grises desprendidos del edificio y
tirados por el suelo, dificultando así el camino a todo aquel que intentase
recorrerlo. A pesar de ser un callejón, el ambiente se volvía más negro, más
hostil, más tétrico. Los edificios deshojados de alrededor parecían ceñirse
sobre uno como grandes gigantes emergidos furiosamente de la tierra tras un
terremoto de magnitudes catastróficas. El aire también se volvía más denso a
medida que uno se adentraba y daba la sensación de estar atravesando un pantano
séptico el cual podría haberse tratado perfectamente de la laguna Estigia. Eso
sí, sin Caronte. Solo podías esperar a no ser devorado por sorpresa bajo
extrañas circunstancias.
domingo, 23 de noviembre de 2014
Décima pintura
Esta cuarta semana del mes toca publicar una pintura. La pintura está hecha. Esta pintura es la décima y última de mi block de pinturas de 10 hojas. No hay de qué preocuparse, seguiré pintando. Tengo otro block de otras 10 hojas esperando a ser pintadas.Cuando haga 10 o 20 más, las iré seleccionando una a una y podré hacer una bonita colección con sesiones: "oscuros", "pesadillas", "carne fresca", etc, por poner ejemplos. No queda mucho pero el problema es que pinto casi cada mes.
Ahora bien, esta es la décima pintura que hago en hojas de lienzo:
La imaginación no tenía límites
Solía tener una capacidad creadora e imaginativa que por cada año que pasaba, al recordarlo, sea un dibujo o algo que haya escrito, me sorprendía de tal manera que a día de hoy me pasa a menudo. Cualquier cosa que haya hecho alguna vez, en un futuro me sorprenderá llegando incluso a tener envidia de mi mismo, de mi pasado, mi propio pasado, de mi mismo. Yo. ¿Por qué debería? ¿Debería estar orgulloso? De todo modos "esa persona" no soy yo, "fui yo".
domingo, 9 de noviembre de 2014
Poema sano del romanticismo sano
Es la segunda semana del mes y toca poema de tema libre. He procrastinado para ello hasta el último día. Al menos he podido autoinspirarme y escribir algo. Algo sencillo y sin florituras. Son romanticismos sanos.
Golpearán las olas los castillos
construidos en los valles del cielo.
Levantará dientes de león el viento
y volarán lejos de este tormento.
Bloques de roca que conocen el dolor
y observaron en paupérrimas víctimas
los cortes, los golpes y secas lágrimas
de sangre que llevan en la piel su color.
Los puentes, las torres y largos pasadizos
perdidos bajo musgos y hierbas reptantes
donde moran oscuros ratones huidizos
y densas telarañas bajo los arbotantes.
Dentro de los muros protegían la esperanza,
labrada en un mundo sumido en anarquía.
La libertad venía dada por una alianza
hasta que vieron derribarse la monarquía.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Malos dibujos, dulce nerviosismo
Esta semana de este mes ha tenido sólo 2 días y no he tenido mucho tiempo para dibujar algo en condiciones una vez mentalizado. Pero algo he hecho, sí. La primera semana, como bien digo en la entrada anterior, consiste en que haga algún dibujo de temática libre. El número de dibujos es invariable pero siempre más de uno. Eso depende sobre todo de cuán inspirado esté.
jueves, 30 de octubre de 2014
Nuevos planes
Tras varios días intentando revivir mi blog de alguna forma, creo que ya he dado con el plan perfecto. En principio el blog lo usaba sobre todo cuando la inspiración llegase pero dado que no me funciona mucho, haré que la inspiración esté conmigo siempre. Para ello he elaborado un plan mensual en el que publicaré al menos una entrada cada semana.
domingo, 26 de octubre de 2014
Vuelve a oscurecer
Las noches empiezan a hacerse cada vez más largas. Hasta dentro de dos meses, por cada día que pase, añadiremos un minuto más de oscuridad. Yo sigo pensando que la noche es agradable pero hasta cierto punto. Las noches de ciudad, de estar en casa sin nada que hacer, son quizá las más deprimentes. Al menos en mi caso. Mientras no estés en una buena compañía, son aburridas. Bastante solitario suelo ser yo, eso es un problema algunas veces, pero lo supero.
Catedrales góticas
Hace unos días decidí volver a instalar el Minecraft. Llevaba muchos meses sin jugar, quizá desde invierno. La principal causa que me impulsó a jugar son las catedrales. ¿Por qué? Pues si te fijas bien, desde el punto de vista de un arquitecto, las catedrales, son unas maravillas arquitectónicas, un reto nunca antes visto desde la época de los romanos. de
martes, 30 de septiembre de 2014
Ciclos anuales
Escribir es algo que en momentos me apasiona. Esos momentos sólo son cuando me dedico a escribir. Me dedico a escribir cuando me planto delante de una hoja vacía. Esa hoja vacía aparece cuando abro el bloc de notas. Pero abriré el bloc de notas si lo llevo consigo. Aunque lo lleve consigo he de ser consciente de que lo tengo, de lo contrario todo lo anterior se anula. No solo pasa con el bloc de notas, sino que también en el blog. Por lo general, siempre estoy mirando si la gente "lee" mi blog y por si milagrosamente pone un comentario. A pesar de eso, no hago nada más. ¿Qué voy a escribir si no tengo nada claro en mi cabeza que contar? Aunque mentiría. Siempre tengo algo que contar pero, ¿a quién le voy a contar el qué? Septiembre es un mes muy duro. Sigues pegado al verano y no eres capaz de asimilar que se ha ido. A duras penas te arrastras a la cinta transportadora llamada rutina que una vez en ella te lleva por el tiempo a lo largo de los meses venideros y cuando menos te lo esperas, estás en noviembre o diciembre y empiezas con mal pie lo que sea que tenga que hacer.Y cuando ya estás lo suficientemente despierto para darte cuenta de la situación, el frío polar acecha en la nuca, a menos que tengas suficiente pelo que te la cubra, congelándote tanto tus planes como tus pensamientos y te retrasa la rutina llevándote a alta mar de la misera para naufragar en la isla de abril. Doy por seguro que a partir de abril es cuando mejor estás de ánimos. Al menos en mi caso. Enero es mi mínimo relativo. Por algo que pasé en 2010, todos mis inviernos, en concreto enero, son caca de vaca. No solo por el frío, sino que algo psicológico. En fin, llega una vez más el verano que tanto uno ansiaba para luego disfrutar al desmadre. En mi lugar, el verano llega a agotarme de lo largo que es. Quizá por la monotonía que llegan a ser los días si no haces algo revolucionario. Yo creo que tendría que mirar más allá de lo que veo, y plantearme la posibilidad de dar una vuelta. Una muy larga. Pero mucho.
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